
Divide tus necesidades en pedazos. Por ejemplo, si necesitas compañía y no la tienes, la puedes encontrar en el día a día charlando con gente con quien coincides en tus actividades diarias: la persona que te vende el pan, que te sirve el café, quien se siente a tu lado en el tren, compañeros de trabajo… Si lo que necesitas es contar un problema y no tienes a quien, utiliza la escritura. Coge un trozo de papel y vacía tus preocupaciones, en plan diario o en plan carta, lo que te pida el cuerpo. Si no tienes con quien salir, no te quedes en casa. Aunque no seamos muchas, algunas salimos solas a comer, al cine, a ver exposiciones… Tal vez no sea el día perfecto, pero es mejor que quedarse en casa agobiada.
Échale valor. Sí, es verdad, la vida a veces nos putea un poco. Entonces es cuando te toca agarrarla por los cuernos y no dejar que te cornee, echarle ovarios. Con eso quiero decir atreverte a hacer cosas que normalmente no haces. Apuntarte a actividades con personas a quienes no conoces, empezar a hablar con una persona desconocida, o tener la paciencia de soportar el malestar de estar sola, cuando se presenta. Tú puedes. scl-shortcode-cleaner-clean-content-end--> scl-shortcode-cleaner-clean-content-end-->