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Lo que mata la pasión

16 de enero de 2018 | Columnas
mata la pasión

Un día te levantas y te das cuenta que no recuerdas la última vez que tu chica y tú hicisteis una locura de esas que parecía salida de una comedia romántica americana. Ya sabes, eso de terminar poniendo la casa patas arribar para después llegar al éxtasis en el suelo de la sala, la encimera de la cocina, el sofá, encima de la cama, debajo de la cama y la ducha. No, ahora no pasa de un rápido y conciso roce premeditado para cumplir. ¿En serio? ¡Mírala, por favor! Es la mujer de tu vida, ¿no puedes hacerlo mejor?
Lo que queda claro es que, por mucho que nos hayan vendido lo contrario, el ser humano no está tan preparado para estar con una misma persona toda la vida, o al menos no de la manera tan sencilla y natural como nos lo han intentado inculcar. En todo beneficio reside un esfuerzo previo, y con pensar que ya hemos conseguido lo que queríamos, no significa que no tengamos que seguir al pie del cañón reconquistando cada día aquello que podríamos echar de menos si ni estuviese. Acomodarse mata la pasión.

La obligación

Si hay algo que mata la pasión totalmente es sentirte obligada o ver que tu pareja se siente obligada a complacerte. A ver, que una cosa es esforzarse y otra muy distinta es que la pareja se convierta en una obligación cuando lo que debe ser es preferencia, pero preferencia porque te nace, ¡faltaría más! Antes de descubrir qué estáis haciendo o no para que la magia haya desaparecido, comprobad que sois vuestras verdaderas compañeras en la vida, porque de donde no hay no se puede sacar.

La rutina

Entendemos que la vida de adulta carece de emoción algunas veces. El trabajo, la casa, los niños, los extraescolares de los niños, tu madre que quiere que vayas a comer, tus amigas que hace mil años que no ves, ese cuadro que dejaste a medio pintar y el turno que le cubriste al compañero porque se tenía que ir a una convención -o a un concierto-.

Todo eso combinado y equilibrado con tu vida en pareja. Es importante recordar que la pareja NO es menos importante que el trabajo ni menos importante que los hijos. Se trabaja para vivir (no al revés) y los hijos son consecuencia de un amor previo. Sois compañeras de vida, no alguien a la que recolocar en la lista de prioridades porque, total, “siempre está para todo”.
Ya que tienes un calendario organizado y medianamente equilibrado, haz un esfuerzo y deja espacio para la pareja también. No es tan espontáneo como nos gustaría, pero seguro que el tiempo con tu chica puede ser de lo más divertido si os dais una nueva oportunidad. Por ejemplo, ¿por qué no os vais de hotel? No hace falta que salgáis de la ciudad siquiera. Un caprichito de vez en cuando, bañera llena de espuma, cava y fresas. No sé a ti, pero a mí me apetece.

Los detalles

No, no siempre vas a ser la supermodelo que eres cuando te pones a ello. Hemos quedado de acuerdo en que la vida de adulta a veces es un poco caótica y muchas veces tendemos a dejarnos para lo último. ¿Por qué ibas a ir a la peluquería si ahora las raíces se llevan? (Comprobado que quien puso las raíces de moda era una madre estresada). Pero eso de cenar un sandwich en la cama porque estás molida, ponerte los calcetines por encima del pantalón y no prescindir del retenedor bucal ni unos minutitos antes de dormir… Que una tiene imaginación y memoria, pero no tanta. Y no te creas que hace falta hacer grandes virguerías, casi que hace más la actitud que lo que lleves o no lleves puesto. Eh, aliento sabor menta, pelo revuelto y camiseta larga: Grrr…
Si crees que se ha sentido cómoda, tampoco te emociones. Ahora no es cuestión de que te vuelvas un auténtico pulpo, sino que juegues al tira y afloja. Te aseguramos que te buscará si le gustas y pronto estaréis haciendo manitas en el banco de un parque como dos adolescentes enamoradas.

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