
ro para la mujer atada. Cuando la atadora ensaya una atadura sobre el cuerpo de la otra, está pendiente de sus reacciones, de sus gestos, de su respiración, de sus cambios de posición, de sus expresiones faciales, de la profundidad de las marcas que puedan quedar sobre la piel, de sus gemidos o incluso de sus palabras. Porque en ningún sitio está escrito que no se pueda hablar. Aunque para mí el encanto de una sesión de shibari es que simula un baile a dos en el que hay una comunicación intensa entre las dos participantes. Ahí está su mayor atractivo y su potencia erótica. scl-shortcode-cleaner-clean-content-end-->Lo sorprendente es que cada parte del cuerpo responde con distintas sensaciones a distintas ataduras, y que en cada postura te llegan diferentes percepciones. No es lo mismo estar de pie, colgada, sentada o de rodillas. Tal vez parece una comparación absurda, pero algunas de las sensaciones al ser atada me hicieron pensar en ese juego de atarse la punta del dedo con una goma, algo que hacíamos de pequeñas en el colegio para sentir esa mezcla de placer y presión. Antes de iniciar la sesión, ya lo habíamos hablado así y así me lo recomendaron: habíamos convenido que sería un juego suave y libre de dolor. Así que lo más fuerte que experimenté fue la presión de las cuerdas envolviendo, como un arnés, las caderas. Una sensación, por otro lado, erótica y llena de posibilidades. scl-shortcode-cleaner-clean-content-end-->Pues acaba, como me explican, como uno quiera que acabe. Hay quien deja a su amante colgando, suspendida, y se dedica a jugar con ella. O quien prefiere las ataduras artísticas y se dedica a tomar una buena sesión de fotografias de su arte sobre el cuerpo de la chica atada. Aquí la imaginación pone los límites. En nuestro caso, la sesión acaba después de un generoso muestrario de prácticas por parte de Mystic. Me doy cuenta de que ha puesto un montón de energía en la sesión y la intensidad de la experiencia va indicando que es hora de acabar. Al finalizar nos abrazamos, y la verdad es que me siento feliz y agradecida por la experiencia, como si me hubieran dado el mejor masaje de mi vida. La mujer atadora necesita un montón de energía, de carácter y poder. Algún día tal vez lo pruebe, aunque de momento creo que mi lugar está en el otro lado. scl-shortcode-cleaner-clean-content-end-->Antes de empezar a jugar con cuerdas, hay que tomar una serie de precauciones y aprender a usarlas para evitar el riesgo de hacernos daño, que existir, existe. La experiencia es, aún más en este caso, un grado, y quien mejor puede enseñarnos a usarlas es quien lleva tiempo practicando esta disciplina, como es el caso de Mystic y de Josep. Es además interesante y una delicia escuchar a Josep contar el origen del shibari, y explicar todos los matices de esta práctica desconocida que de entrada, puede provocar rechazo. Por eso, si te decides a probarlo, te recomiendo mucho que te ate o te enseñe a atar alguien con experiencia probada y con la sensibilidad suficiente para saber interpretar lo que tu chica y tu queréis y lo que os gusta. El resto es pura delicia. scl-shortcode-cleaner-clean-content-end--> scl-shortcode-cleaner-clean-content-end-->